Sonia Rubio, ingeniera de telecomunicaciones y presidenta de Greenpeace: “Soy buena resolviendo problemas”

Sonia Rubio Hernando ha trabajado como ingeniera de telecomunicaciones durante 16 años para empresas como Amper Datos y Amper Servicios; más tarde para Telefónica Sistemas y posteriormente para Avanzit y en la última etapa para Burke, que fue absorbida por la multinacional francesa Alten. Fue el último eslabón de una carrera profesional de éxito que empezó como analista de conmutación para telefonía fija.


Ha llegado a dirigir un equipo de 100 personas con un presupuesto de más de cinco millones de euros. “Empecé como analista, después continué como jefa de proyecto, más tarde jefa de área, gerente y por último directora técnica. Mi primer gran reto fue diseñar un sistema que dimensionaba los sistemas de conmutación digital. Esta aplicación supuso para Telefónica un gran ahorro y control de costes. Diseñé el sistema entero. El último que hice permitía la gestión de trabajos de red sobre averías o cambios. Suponía gestionar un volumen enorme de información con gran variedad de datos. Diseñé un modelo muy abstracto que permitía albergar todo tipo de órdenes de servicio. Arrancó con 500 órdenes al día y de un día para otro llegamos a 32.000. Ahí sigue funcionando”, explica.

Esas aplicaciones o sistemas de gestión tienen nombres: El primero eDicre y el segundo Pórtico. Por supuesto, sorprende su capacidad para ejecutar tareas tan complejas. Si cabe, sorprende aún más la sencillez espartana de Sonia Rubio, su humildad y un look entre asceta y hippy que pone en evidencia una personalidad refractaria a los arquetipos y difícil de encasillar. En su etapa como ejecutiva tampoco renunció a su imagen rebelde.

Con la absorción de su última empresa, en febrero de 2010, acabó su etapa laboral justo en los mismos días en que se embarcó en una nueva actividad: ser presidenta de Greenpeace España. Un cambio que explica así: “En la empresa sobraban cabezas y era evidente que había otra gente que se sabía mover mucho mejor que yo en los pasillos. Asumí el despido como algo natural. Empecé con Greenpeace, que es un trabajo apasionante donde verdaderamente luchas por lo que crees. Tenemos muchas limitaciones, pero es una de las mejores herramientas que conozco para resolver problemas. Para mí es un lujo trabajar en Greenpeace España, donde conoces a gente realmente espectacular”.

Esa dedicación no está remunerada. “Hay semanas que trabajo 20 horas y otras veces trabajo el día entero”, nos cuenta. Le queda un año para concluir su segundo mandato en la organización y completar el ciclo. “De estos años recuerdo cuando llegó el nuevo ‘Rainbow Warrior’ a Barcelona y fui a darles la bienvenida a los socios. Les decía uno por uno: Bienvenido a tu barco. Fue muy emocionante. También la foto de los activistas en el tejado del Congreso de los Diputados o la pancarta que colgamos en el edificio España contra la llamada ‘ley mordaza’. Todo esto simboliza una movilización de la sociedad civil. Los problemas ambientales son de todos y lo que nos encontramos de fondo es una lucha contra la pérdida de derechos en general. A veces resulta difícil trasladar esa visión”.

Es madre de dos niños gemelos de 8 años y de una niña de 5. Proceden de Etiopía, donde Sonia Rubio se ha implicado en proyectos de cooperación a través de la Fundación Madre África, que ha construidos dos escuelas en Etiopía y otra en Burkina Faso y ha puesto en marcha un proyecto de apadrinamiento directo de niños. La fundación también consigue que los menores que van a la escuela reciban apoyo alimenticio y médico y que las mujeres que crían a sus hijos solas, reciban apoyo para la creación de cooperativas. “Todo lo que hacemos es poco a poco, pero vemos resultados reales y directos”, añade.

Opina que “los problemas se solucionan más desde el sentido común y la empatía que desde la tecnología. El gran fracaso de nuestra sociedad es que no somos capaces de visualizar que las personas ahogadas en Ceuta podrían ser hijos nuestros”.

Su perfil engloba  una capacidad técnica extraordinaria y un profundo compromiso social y ambiental. Le preguntamos cuál es su mejor cualidad profesional. Sonia Rubio responde: “Soy buena resolviendo problemas, encontrando el punto donde se produce el error en un proceso, es decir, soy buena encontrando enfoques diferentes. Lo que se me da bien es analizar un problema, darle vueltas (y les doy muchas vueltas) para al final llegar a la conclusión de cuál es el flanco exacto por dónde hay que atacar y hallar la solución”.

Sonia RubioDesde 2010 no tiene una actividad profesional remunerada. Vive de los ahorros de la época de las “vacas gordas”: “He autoajustado mi economía hasta el infinito. Mi gasto principal es el colegio de mis hijos. Soy muy austera. Calculo que mis ahorros pueden durar 2 ó 3 años más”.

Sin embargo, resulta inverosímil que una persona tan valiosa esté fuera del entorno profesional, sin aportar valor a una institución o una empresa. Antes de despedirnos, le preguntamos: ¿Cuál es tu sueño?. Responde: “Conseguir un mundo mejor y más justo. Trabajar por los derechos de las personas, para que se acabe el hambre y por la defensa de nuestro entorno natural».

Sonia Rubio, madre de tres hijos, ingeniera de telecomunicaciones en paro y una mujer tranquila que ha convertido sus ideales en tarea cotidiana. Es de esas especies raras que no entierran la utopía ni renuncian a los sueños apasionados de la juventud. Todo ello con un abismo de tristeza en la mirada que a veces se alterna con la sonrisa franca y dulce de una niña. No es una heroína ni una revolucionaria. O a lo mejor la valquiria está escondida tras el caparazón de la mujer sensata. La duda se disipa al mismo tiempo que acaba la conversación y eso ocurre cuando uno de sus hijos, de nombre Ulises, le reclama con vehemencia su pelota. Se aleja caminando con serenidad y sin atisbo de drama. Es una sola persona y en realidad muchas mujeres a la vez: la directiva, la activista, la ingeniera, la parada, la comprometida, la amiga de sus amigos  y también la madre coraje.

Se me ocurre que Sonia Rubio es la persona perfecta para encontrar soluciones tecnológicas nuevas a algunos de los graves problemas y de muy difícil solución que afectan a nuestra sociedad y a nuestra forma de vida.

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